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Hace varios miles de años cuando
comenzó la humanidad, hubo el primer hombre llamado Adán, creado
de polvo a imagen y semejanza de Dios. Dios tomó al hombre y le
dio el dominio de todas las obras de Sus Manos, las aves del
cielo, los habitantes de los océanos y todas las criaturas de la
tierra. Por el Espíritu del Señor, Adán vivió y nombró a todos los
animales.
Dios colocó al hombre en Su Jardín, llamado Edén. Dios le dijo a
Adán que viviera y comiera del jardín. Dios colocó el Árbol de la
Vida en la mitad del Jardín del Edén y le dio a Adán el derecho de
comer de el y vivir eternamente. Sin embargo, Dios colocó también
el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal en la mitad del Edén
y le dio a Adán instrucciones estrictas de no comer de este Árbol
del Conocimiento y que si Adán comiese de este árbol, seguro
moriría.
Dios, en su sabiduría, busco un ayudante adecuado para el
hombre, pero sin encontrar ninguno, puso a dormir a Adán y le sacó
una costilla y cerró la herida; e hizo la ayudante de Adán.
Adán al verla, la llamó “mujer” ya que provino de su lado. Tenían confraternidad
con Dios. Adán y su mujer caminaron con Dios en el Jardín del Edén. Estos fueron
tiempos eternos mientras el hombre caminó con Dios en obediencia y comunión,
siendo liderado, guiado y controlado por el Espíritu Santo.
Dios, en Su Sabiduría, quiso que el
hombre tuviera libre elección para caminar con Dios. Dios
quiso que el hombre siempre eligieran caminar con Dios, por
su libre albedrío y el hombre así lo hizo, sin saber del bien y
del mal de ninguna forma.
Luego, en la eternidad, la mujer se reunió con la Serpiente en el Jardín del
Edén y habló con ella y escuchó lo que ella dijo. Ella creyó la mentira que si
comía del Árbol de Conocimiento, se convertiría como Dios. Adán y la mujer
comieron del Árbol de Conocimiento del Bien y del Mal. Adán desobedeció a Dios.
Se creyó independiente del Espíritu de Dios.
Cuando comieron, se les abrieron los ojos y el Espíritu de Dios partió de ellos
y se convirtieron en seres mortales y comenzaron a morir. El Espíritu de la
muerte les sobrevino y el tiempo empezó a correr en contra de sus vidas.
Dios les habló a Adán y a la mujer y los sacó del Jardín y colocó una Espada
flameante a la entrada para impedir que el hombre volviera a entrar al Jardín.
El hombre se convirtió en enemigo del Cielo, una creación desobediente de Dios,
por su propia elección. Al hombre le fue impuesto el mismo castigo de los
ángeles desobedientes que fueron expulsados del Cielo a la tierra.
El hombre en su estado glorioso con Dios, por su elección de desobedecer y
rebelarse contra la Palabra de Dios, se convirtió en el sirviente del que había
escuchado, la Serpiente. El hombre, en su naturaleza, se convirtió en el mismo
hijo del diablo.
El hombre
sufrió el castigo de que su sangre de vida fuera maldecida con la muerte,
enfermedades y plagas. Y aun más importante, tomó la condición de hijo del
diablo en su característica y naturaleza. Finalmente, el hombre pasaría esta
naturaleza a todas las generaciones. Adán llamó a la mujer “Eva” en su estado de
desgracia.
Esa
rebelión llamado pecado
(pecado, definido como
cualquier acto no guiado o controlado por el Espíritu de Dios),
les llevó, a toda la humanidad, a lo que se ha llamado el Estado de Caída en
el cual aún existimos. Todo lo que somos, hacemos y vemos es el producto de esa
rebelión. A través de un hombre, Adán, hemos pecado todos ante Dios, el pecado
de la muerte. Toda persona nacida en la tierra es nacida con esta maldad en su
corazón. Aun la mejor persona, es pecadora, ya que no conoce a Cristo.
Dios nos
amó tanto que ideó un Plan, una Salvación, una Redención para salvar a las
personas, sin importar quien fuese o que hiciera. Tan grande fue el pecado que
el hombre no podía ser redimido, excepto pagando un gran precio, más grande que
cualquier cosa en la Tierra, inclusive el hombre. El precio tendría que ser una
vida de tal gran valor que el cielo aceptaría el sacrificio. Dios escogió a su
Único Hijo Concebido, Jesús de Nazareth, para este sacrificio. Jesús, siendo
igual a Su Padre, no consideró la igualdad como algo para ser aceptado, sino que
se volvió obediente a convertirse como un hombre mortal. El tomó la forma de la
humildad y se hizo nada, tomando la misma naturaleza del servidor siendo hecho a
semejanza del humano. El se convirtió en Testigo Fiel y al mismo tiempo se
convirtió en el Cordero de Dios para ser sacrificado.
Su obediencia fue tan grande que fue obediente hasta su muerte – ¡la muerte en
la cruz! El tomó todos los pecados del mundo para Si, al morir en la Cruz, aún
estando libre de culpa, sin pecados. Por lo tanto, Dios lo exaltó al lugar más
alto y le dio el nombre que esta por encima de cualquier nombre, el nombre de
Jesús, al cual todos se inclinarían, en los cielos y en la tierra y debajo de la
tierra y cada lengua confesaría que Jesucristo es el Señor, para la Gloria de
Dios, el Padre.
Dios puso su plan en acción, tomando varios miles de años para llevarse a cabo.
El habló a Sus Profetas por muchos miles de años, de la venida de su Siervo y
predijo quien sería, de donde vendría, como vendría al mundo, como moriría y
como se levantaría de entre los muertos. Así que, quien reclamara ser el
Redentor tendría que cumplir con todas las profecías sobre el Hijo. Y al
cumplirlas, nosotros sabríamos que El es el Cristo.
Jesús de Nazareth es el Cristo. El cumplió todas las profecías sobre el. El sanó
a los enfermos, los ciegos vieron, los inválidos caminaron, los demonios
obedecieron, los muertos se levantaron y El predicó las Buenas Nuevas a los
pobres. Luego, en la más grande prueba, fue levantado de entre los muertos luego
de tres días exactos, de acuerdo a las escrituras. El es el Camino, el Portón,
la Puerta, la Verdad, la Luz, la Resurrección y la Vida.
Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Único Hijo Concebido, quien creyese en
El, tendría la vida eterna. Sin embargo, quien no creyese, permanecerían
condenados. Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo y ama tanto a Su Hijo
que demanda que cada persona pase por Su Hijo para ir llegar a El.
Usted ahora puede escoger, ya que ha escuchado la razón de la Cristiandad.
Escoja a Jesucristo como Señor de su vida e ingrese en una relación eterna con
Dios a través de Jesús o siga condenado.
Escoja a Jesús, el Espíritu de Dios lo debe precipitar para entender que lo que
se dice es verdadero, que Dios levantó a Jesús de entre los muertos y que usted
tiene la voluntad de confesar y hacerlo el Señor de su vida. ¿Por qué la
Cristiandad? Para que usted pueda ser redimido por la Sangre de Cristo.
¡EL ES EL ÚNICO CAMINO!
Usted podrá querer orar... si es así, una oración como la siguiente le ayudará,
si lo hace con el corazón:
"Padre
Nuestro que estás en los cielos, me has llevado a
tu precioso Hijo, Jesucristo. No he venido solo,
sino por tu llamado. Por descendencia natural, soy
pecado por nacimiento. Ahora, creo en mi corazón
que tú has levantado a Jesús de entre los muertos
y confieso por mi boca que Jesús es el Señor. Te
ruego que tu y El entren en mi corazón en este
momento y me lleven a la vida eterna, lavando mis
pecados por su Sangre que fue vertida para mi. Te
doy las gracias por traerme el proceso de volver a
nacer por la fe que me has dado en Cristo Jesús.
Te doy las gracias, Padre, en nombre de Jesús.
Amen."
Vaya y confiese su nueva encontrada
Salvación a alguien y crea que usted es ahora un
hijo de Dios, su Padre. Siga en su vida, haciendo
de Jesús el hábito de su vida, momento por
momento. Confíe en El completamente. Una vez más
tenga confraternidad con Dios, liderado, guiado y
controlado por el Espíritu Santo. |
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Fechado Mayo de 1988 |